“La ambición suele llevar a las personas (o bancos) a ejecutar los menesteres más viles. Por eso, para trepar, se adopta la misma postura que para arrastrarse.” - Jonathan Swift.
Se me ha encargado escribir un ensayo. Así que ahora estoy ensayando un experimento muy frecuente entre los autores modernos, es decir, escribir acerca de nada. Este no tratará específicamente de nada, sino de la crisis en Irlanda ya que así me fue especificado, pero es necesario aclarar que abordaré el tema de lo general a lo particular. Y espero que de la nada, salga algo que valga la pena haber escrito.
Empezaré por abordar el problema de la forma más simple y primitiva. En las tempranas edades de su surgimiento el hombre empezó a hacer uso de la naturaleza y los beneficios que le proporcionaba la tierra. Pero al tener cada vez más facilidades, las poblaciones tenían un exceso en el alimento y en los recursos. La tecnología mejoraba y el esfuerzo para obtener alimentos se veía reducido, por lo que no solo se satisfacía la necesidad de la población, sino que había un sobrante. Lo que sigue es la repartición, y allí empiezan las desigualdades. Aquel que tuviera más se volvía de rango superior, y el temor de que los demás se lo arrebaten por envidia, forzó a estos individuos a rodear su propiedad y protegerla. Allí es donde surge la propiedad privada y las escalas sociales. En una época tan simple, el ser humano ya se diferenciaba por las posiciones, dependiendo de sus posesiones.
Ahí también surge el capitalismo. Y en el capitalismo se mide el nivel económico de una nación dependiendo del consumo. Por lo mismo la mercadotecnia se enfoca principalmente en la creación de una sociedad consumista. Y mientras más alto nivel económico tenga la nación, se notará un aumento en la compra de inmuebles. Es por ello que buscan que aumente el número de viviendas vendidas. Las naciones tienen su ego, al igual que los individuos.
Esto refleja que los ciudadanos han cubierto sus necesidades básicas de alimentación y buscarán comodidades como vivienda propia o coches. Y claro, cuando el diablo está satisfecho, es una buena persona.
Lo que desencadenó la crisis en Irlanda y lo ha hecho en otros muchos países es la burbuja inmobiliaria. Es decir aumentan el precio de las viviendas a precios superiores a los que valen en realidad. La gente pide créditos para poderlas pagar y el banco se los da. Viéndose tan ambicioso que no se sienta a medir las consecuencias de darle crédito a quién sea sin siquiera hacer averiguaciones serias si luego la gente se lo podrá devolver. La mayoría de las personas (o bancos) son como alfileres: sus cabezas no son lo más importante. Como no tiene esa garantía, y la gente ya no puede pagar, los bancos quedan en bancarrota.
En el caso específico de Irlanda, el gobierno quiso salvar sus bancos y acabó hundiéndose hasta el cuello. Para salvarse de la crisis el actual primer ministro (aunque no lo será por mucho, ya que le pidieron abdicar al cargo y convocar a elecciones) Brian Cowen, aceptó un plan de rescate internacional para su país hundido por la deuda. Pero esto generó indignación en toda Irlanda, no solo porque consideran una humillación que le ayuden el fondo internacional y bancos de la unión europea, siendo que su nivel económico estaba muy por encima antes de que ocurriera el desastre sino también por las medidas de austeridad que han planeado imponer. A ese grado que hasta se tacha Cowen de traidor. Y claro que es comprensible, pero a estas alturas poco se puede hacer. Que Irlanda haya sido la primera en caer ante la crisis en parte se debe a su política liberal en cuanto a impuestos y propiedades. Cobraban pocos impuestos y daban todas las facilidades. Y todo eso, con la deuda más baja y una economía a pedir de boca. No por nada se creó un modelo económico basado en el suyo que buscaban adoptar muchos países. Pero el tigre celta, pronto se vio en las redes del capitalismo y la burbuja inmobiliaria, que surgió en sus principios en Estados Unidos.
Lo curioso del asunto, es que la crisis en Irlanda, ha propiciado una guerra entre los partidos políticos irlandeses, en dónde cada cual asegura que podrá resolver la situación. El problema es que si aceptan la ayuda que se les ofrece, les darán el crédito a cambio de las condiciones que no les gustan al pueblo hiberniano. Y dudo mucho que cualquier cambio de gobierno pueda deshacer el periodo de cuatro años de austeridad que al parecer Irlanda sufrirá. Y ya que no podemos cambiar de país, cambiemos de tema.
Todo este asunto de hambre y pobreza es curiosamente similar a otro ocurrido en Irlanda, llamado periodo de hambruna, cuando gracias a que las tierras se repartían proporcionalmente entre todos los hijos (y los Irlandeses tenían muchos hijos al parecer) quedaron campos cultivables muy reducidos en tamaño, por lo que cada huerto apenas y mantenía a la familia a la que pertenecía. Cuando a eso se le sumó una plaga en las cosechas de patatas ( adivinaron: el principal y casi exclusivo ingrediente de la cocina Irlandesa) los campesinos y toda Irlanda se quedaron sin que comer. Esto, como se sobreentiende hizo que mucha gente emigrara y por otra parte ayudó a que la población rural se levantara y se pudiera arreglar el asunto y pertenencia de las tierras.
¿Pero, qué se le va a hacer? Que Irlanda pague por sus bancos y que San Patricio la proteja mientras tanto, que tarde o temprano se estabilizará. Cargará con una deuda enorme para entonces, pero vamos, ¡Boletos más baratos que ahora para Irlanda no se encontrarán! Habrá que visitar, ver lo que se tenga que ver y no olvidar probar la especialidad de la casa: Sopa de austeridad. (Que seguramente, llevara patatas.)
Nota: A lo largo del ensayo he incluido frases de los célebres escritores irlandeses Jonathan Swift, James Joyce y Oscar Wilde.
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