Guión Teatral en un solo acto titulado: Un amargo brindis con un dulce trago.

on diciembre 28, 2010

[La escena se desarrolla en un comedor. Una mujer de cuarenta años, está sentada en la mesa que se ubica en el lado izquierdo del escenario para el público. Sostiene un vaso de vino y se nota que se le han pasado un poco las copas. No lo suficiente para estar borracha, solo se le nota eufórica. Al otro lado del escenario, hay un sillón y una televisión. En el sillón está sentado un hombre, de unos cuarenta años también. Calvo y barrigón, no despega los ojos de la televisión. La estancia está decorada muy parcamente.
Ella, empieza a llenarse de nuevo el vaso de vino. Y mira hacía el sillón. Luego levanta el vaso para un brindis y empieza a hablar, el hombre no la escucha]

ELLA - ¡Brindo por mí! Por la mujer cuerda e inteligente que soy. (Toma un sorbo del vaso.)

 Ya estoy harta de fingirme la loca y hacerme tonta para agradarle. Porque a él le gustan las mujeres así. Yo siempre quise gustarle. (Hace una ligera pausa al tomar otro sorbo) ¿A quién engaño? Yo no soy así. He echado a perder mi vida y mi juventud a su lado. Dejé a todo y todos y me aislé aquí, junto a ese calvo esquizofrénico con aires de grandeza. Dándole la razón cuando para mí no la tenía. ¡Pero, ay el que le contradiga! Siempre acababa diciendo que me deja y yo rogándole para que no lo haga. (Pausa y continúa más lento)

Debí dejar que lo hiciera. Él ha matado en mí lo poco que tenía de propio. ¡Hay que hacer una limpia de ideas, para no estancarnos, dice, siempre tener las que son acordes al razonamiento!(Imita la voz del hombre.) ¡Y se limpiaban las mías, claro está! (Golpea la mesa con el puño) Derribaba mis pilares, mis ideas, lo que me gustaba.

Él, ese gordo horrible, acabó con lo que yo era. (Hablando con rabia, entre dientes)
Una muchacha joven, alegre e ingeniosa, a veces demasiado inocente. (De nuevo baja la voz)Yo me maravillaba del mundo. Él me hizo tan infeliz como él mismo ha de ser. Ya no soporto ni una pelea más, ni una palabra más. Hemos llegado al punto en el que tengo que escoger a quién quiero más. A él o a mí. (Empieza a reír y acaba llorando. Continúa hablando más tranquila.)

Siempre lo preferí a él. Ante todos. Ante mi misma. No tenía más ojos, más pensamiento que para él. Estaba tan enamorada. Él nunca lo entendió. Lo único que yo quería, es que el me amara y estuviera a mi lado. No sé si lo logré.
Me pregunto ¿qué pasará por su cabeza? Siempre quise saber qué significo yo en su vida. Es sofocante, frustrante estar con alguien que no te escucha ni entiende lo que quieres decirle. Él me tiene al borde de la locura.  (Apoya la cabeza en la mesa con aire de cansancio. Permanece así cinco segundos, la levanta ligeramente y mira hacía el sillón. El hombre, se ha desparramado un poco. Se había quedado dormido.)

ELLA - Mírenlo, ahí dormido. Sin más preocupaciones que comer y dormir. No tiene ni idea de que me está sacando el alma del cuerpo a patadas. Hace mucho que no escucho una palabra bonita. Todo prefabricado y cortante. Nada que le salga del alma. Creo que no entiende que no son las palabras las que son bonitas, sino la forma de decirlas, la emoción en la mirada. (Interrumpe lo que dice, como acordándose y hablando más bruscamente)
 La suya siempre es fría. ¿Pero qué va a entender él de esas cosas? ¡Vaya escritor! Quién lo leyera, creería que es el hombre más enamoradizo y romántico del mundo. Él nunca estuvo enamorado de mí. No se siquiera si lo estuvo de alguien más. Vaya fracaso. (Se llenó de nuevo la copa y habla en tono soñoliento)

Recuerdo lo que me decía mi madre, cuando empecé a salir con el tal Fabián. Que solo yo no me daba cuenta de que no me quería. Yo nunca escuché. Lo quería, y excusaba todo lo frío que fuera con mil y un cosas. A pesar de eso, me dolía que fuera así y ver a mis compañeras, con novios que estaban siempre preocupados por ellas, mirándolas como la novena maravilla del mundo. ¡Bah! Luego me enteré que salía conmigo porque un amigo le pagó. (Toma de nuevo un sorbo y ahora habla más calmadamente, como para sí misma.)

Temo estar ciega. No ver que él tampoco me quiere. Pero si así fuera, ¿a dónde ir ahora? Ya no soy la muchacha joven que fui. Me espera solo soledad si me voy, una tranquila soledad. (Toma otro sorbo y se inclina sobre la mesa, apoyando los dos codos, que sostienen su cabeza. Espera así un poco y levanta bruscamente la cabeza)

¡No! Fue suficiente. Nunca es tarde para estar tranquilo y feliz. ¿¡Qué más da la soledad!? Ahora mismo iré por mis maletas. ¡Y adiós! Adiós para siempre. Hoy mismo se acaba esta pesadilla. Esto ya no es amor. Cariño, tú eres mi perdición. El peor de los venenos. Y mi único mal. Ahora mismo me largo y nunca más veré tu cara. Esa cara que por más que yo ame o le ruegue siempre estará más fría que el mármol. (Se levanta de la mesa de forma rápida y torpe. La botella de vino vacía se cae y se estrella sobre el piso, rompiéndose. El ruido despierta al hombre.)

ÉL - ¿Qué pasó? (dice perturbado por el ruido.) ¿Ya vamos a cenar? (La mujer permanece parada junto a la mesa en silencio por unos instantes. Luego se tambalea un poco y habla con voz inocente.)

ELLA - Se me ha caído la botella cariño. Ya está la cena, pero te quedaste dormido y no quise despertarte. (El hombre profiere un ruido gutural en señal de entendimiento. El se acerca perezosamente a la mesa y se sienta. Mientras tanto, ella recoge rápidamente los pedazos rotos y le sirve de comer. Trae una nueva botella y mientras se la sirve, se le acerca y le dice al oído “Te quiero”)

EL - Yo también. Anda apúrate que tengo hambre. ( Comienza a comer, mientras tanto, la mujer se sienta, y se sirve del vino a su vez)

ELLA - Brindemos.

ÉL - ¿Por qué?

ELLA - Brindemos por los cobardes y porque resulta que te quiero más que a mí misma.

ÉL - Estás loca mi vida.

ELLA - Tienes razón, no solo loca, también muy tonta. (Se queda pensativa viendo la botella de vino mientras él sigue comiendo.)


FIN

Se cierra telón.

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