Eco

on julio 28, 2011
- Mira Luis, ven. Ya encontré el lugar indicado. Está completamente abandonado. Se escucha el eco de nuestros pasos que levantan polvo al pisar. Si grito, las paredes me responden. No hay que saltarnos bardas, ni esperar que sean las cuatro de la mañana. No tienes que llevarme un banquito para saltarme así los alambrados. No hay que vigilar por patrullas ni temer que alguien venga. Este lugar está completamente deshabitado. Aquí podemos grafitear y poner los stenciles que queramos. Sin que nos importe el tiempo, ni si alguien viene o no. Lo único malo es que tampoco nadie los verá jamás. Tal vez tu y yo, si es que volvemos alguna vez.

Guión Teatral en un solo acto titulado: Un amargo brindis con un dulce trago.

on diciembre 28, 2010

[La escena se desarrolla en un comedor. Una mujer de cuarenta años, está sentada en la mesa que se ubica en el lado izquierdo del escenario para el público. Sostiene un vaso de vino y se nota que se le han pasado un poco las copas. No lo suficiente para estar borracha, solo se le nota eufórica. Al otro lado del escenario, hay un sillón y una televisión. En el sillón está sentado un hombre, de unos cuarenta años también. Calvo y barrigón, no despega los ojos de la televisión. La estancia está decorada muy parcamente.
Ella, empieza a llenarse de nuevo el vaso de vino. Y mira hacía el sillón. Luego levanta el vaso para un brindis y empieza a hablar, el hombre no la escucha]

ELLA - ¡Brindo por mí! Por la mujer cuerda e inteligente que soy. (Toma un sorbo del vaso.)

 Ya estoy harta de fingirme la loca y hacerme tonta para agradarle. Porque a él le gustan las mujeres así. Yo siempre quise gustarle. (Hace una ligera pausa al tomar otro sorbo) ¿A quién engaño? Yo no soy así. He echado a perder mi vida y mi juventud a su lado. Dejé a todo y todos y me aislé aquí, junto a ese calvo esquizofrénico con aires de grandeza. Dándole la razón cuando para mí no la tenía. ¡Pero, ay el que le contradiga! Siempre acababa diciendo que me deja y yo rogándole para que no lo haga. (Pausa y continúa más lento)

Debí dejar que lo hiciera. Él ha matado en mí lo poco que tenía de propio. ¡Hay que hacer una limpia de ideas, para no estancarnos, dice, siempre tener las que son acordes al razonamiento!(Imita la voz del hombre.) ¡Y se limpiaban las mías, claro está! (Golpea la mesa con el puño) Derribaba mis pilares, mis ideas, lo que me gustaba.

Él, ese gordo horrible, acabó con lo que yo era. (Hablando con rabia, entre dientes)
Una muchacha joven, alegre e ingeniosa, a veces demasiado inocente. (De nuevo baja la voz)Yo me maravillaba del mundo. Él me hizo tan infeliz como él mismo ha de ser. Ya no soporto ni una pelea más, ni una palabra más. Hemos llegado al punto en el que tengo que escoger a quién quiero más. A él o a mí. (Empieza a reír y acaba llorando. Continúa hablando más tranquila.)

Siempre lo preferí a él. Ante todos. Ante mi misma. No tenía más ojos, más pensamiento que para él. Estaba tan enamorada. Él nunca lo entendió. Lo único que yo quería, es que el me amara y estuviera a mi lado. No sé si lo logré.
Me pregunto ¿qué pasará por su cabeza? Siempre quise saber qué significo yo en su vida. Es sofocante, frustrante estar con alguien que no te escucha ni entiende lo que quieres decirle. Él me tiene al borde de la locura.  (Apoya la cabeza en la mesa con aire de cansancio. Permanece así cinco segundos, la levanta ligeramente y mira hacía el sillón. El hombre, se ha desparramado un poco. Se había quedado dormido.)

ELLA - Mírenlo, ahí dormido. Sin más preocupaciones que comer y dormir. No tiene ni idea de que me está sacando el alma del cuerpo a patadas. Hace mucho que no escucho una palabra bonita. Todo prefabricado y cortante. Nada que le salga del alma. Creo que no entiende que no son las palabras las que son bonitas, sino la forma de decirlas, la emoción en la mirada. (Interrumpe lo que dice, como acordándose y hablando más bruscamente)
 La suya siempre es fría. ¿Pero qué va a entender él de esas cosas? ¡Vaya escritor! Quién lo leyera, creería que es el hombre más enamoradizo y romántico del mundo. Él nunca estuvo enamorado de mí. No se siquiera si lo estuvo de alguien más. Vaya fracaso. (Se llenó de nuevo la copa y habla en tono soñoliento)

Recuerdo lo que me decía mi madre, cuando empecé a salir con el tal Fabián. Que solo yo no me daba cuenta de que no me quería. Yo nunca escuché. Lo quería, y excusaba todo lo frío que fuera con mil y un cosas. A pesar de eso, me dolía que fuera así y ver a mis compañeras, con novios que estaban siempre preocupados por ellas, mirándolas como la novena maravilla del mundo. ¡Bah! Luego me enteré que salía conmigo porque un amigo le pagó. (Toma de nuevo un sorbo y ahora habla más calmadamente, como para sí misma.)

Temo estar ciega. No ver que él tampoco me quiere. Pero si así fuera, ¿a dónde ir ahora? Ya no soy la muchacha joven que fui. Me espera solo soledad si me voy, una tranquila soledad. (Toma otro sorbo y se inclina sobre la mesa, apoyando los dos codos, que sostienen su cabeza. Espera así un poco y levanta bruscamente la cabeza)

¡No! Fue suficiente. Nunca es tarde para estar tranquilo y feliz. ¿¡Qué más da la soledad!? Ahora mismo iré por mis maletas. ¡Y adiós! Adiós para siempre. Hoy mismo se acaba esta pesadilla. Esto ya no es amor. Cariño, tú eres mi perdición. El peor de los venenos. Y mi único mal. Ahora mismo me largo y nunca más veré tu cara. Esa cara que por más que yo ame o le ruegue siempre estará más fría que el mármol. (Se levanta de la mesa de forma rápida y torpe. La botella de vino vacía se cae y se estrella sobre el piso, rompiéndose. El ruido despierta al hombre.)

ÉL - ¿Qué pasó? (dice perturbado por el ruido.) ¿Ya vamos a cenar? (La mujer permanece parada junto a la mesa en silencio por unos instantes. Luego se tambalea un poco y habla con voz inocente.)

ELLA - Se me ha caído la botella cariño. Ya está la cena, pero te quedaste dormido y no quise despertarte. (El hombre profiere un ruido gutural en señal de entendimiento. El se acerca perezosamente a la mesa y se sienta. Mientras tanto, ella recoge rápidamente los pedazos rotos y le sirve de comer. Trae una nueva botella y mientras se la sirve, se le acerca y le dice al oído “Te quiero”)

EL - Yo también. Anda apúrate que tengo hambre. ( Comienza a comer, mientras tanto, la mujer se sienta, y se sirve del vino a su vez)

ELLA - Brindemos.

ÉL - ¿Por qué?

ELLA - Brindemos por los cobardes y porque resulta que te quiero más que a mí misma.

ÉL - Estás loca mi vida.

ELLA - Tienes razón, no solo loca, también muy tonta. (Se queda pensativa viendo la botella de vino mientras él sigue comiendo.)


FIN

Se cierra telón.

La embajada

on diciembre 26, 2010

Llegamos poco más tarde de las tres. Nos retrasamos porque mi padre hubo de ir al médico. Hace más de tres semanas que lo aqueja una tos. Mi madre había hecho Tikvenik, un pan dulce relleno de calabaza, canela y nueces. Llegando nos recibió la cónsul y su hija. Una chica de 16 años. Recuerdo que la última vez que estuve en la embajada ella había hecho plática conmigo. Se iba a ir a China, para estudiar el idioma.
Siempre acabo con la misma impresión acerca de ella. En apariencia es una chica guapa, y como muchas de ellas frívola y presumida. Siempre es ella quién se me acerca y al platicar acabo sorprendiéndome de lo lista y crítica que parece ser. Y por último me acabo aburriendo o ella se va cuando llega alguien más interesante que yo para ella. Supongo que es por eso que muchas veces la creo tan frívola, es una chica joven y guapa que siempre acaba platicando con chicos mayores que ella. Esta vez, se sentó en la mesa de nuestra familia. Con nuestra familia me refiero a mis tíos, mis padres, mi hermana y yo.      

Ya no me acuerdo cómo fue que llegamos a hablar de la educación. Creo que fue porque le pregunté qué pensaba estudiar. De nuevo obtuve una respuesta inesperada, diseño o arquitectura. Yo siempre creí que no le gustaban las artes ni lo relacionado. Le pregunté dónde pensaba estudiarlo. Respondió que en Italia o Inglaterra, pero que no pensaba estudiarlo en nuestro país. Yo asentí. Le dije que el nivel de la educación había bajado muchísimo y le imprimí el tono más indignado que pude. La verdad era que yo no lo sabía. Por lo menos no por experiencia propia. Había dejado de estudiar ahí desde hace más de 13 años. Pero los conocidos y familia de allá lo decían. Los alumnos tenían fama de barbajanes incontrolables.

- Es por eso que yo no tengo amigos de mi edad -  inquirió -  Siempre me he juntado con gente más grande. ¿Sabes que las chicas ya no llevan libros ni cuadernos a la escuela?-  me dijo.
No -  le respondí.-  ¿Por qué no los llevan?
- Les han preguntado y ¿sabes lo que responden? Que si llevan los libros ya no tendrán espacio para las planchas o el maquillaje.
- ¡Inaudito! ¿No es broma?- me atreví a cuestionar.
-  No. Las chicas se la pasan maquillándose en el salón de clases o planchándose el cabello. Y les valen un carajo los profesores. Ellos no se atreven a tomar medidas drásticas contra los alumnos, porque inmediatamente se verían envueltos en un escándalo o demanda. Lo peor es que ves a niñas de doce años, fumando en frente de la escuela. No entran a clase hasta que se acaben su cigarro y su café. ¡Si las vieras! Les das más de dieciocho seguro. Además, van vestidas con minifaldas y con toneladas de maquillaje. Como si fueran a salir de noche. Y si les preguntas ¿por qué fuman? Te contestan: No sé, porque sí. - me causó gracia su imitación del slang nacional, ¡lo hacía a la perfección!
- Con un lenguaje de lo más vulgar. -continuó. - Yo no sé qué piensan. ¿Que a la escuela irá un David Beckham o alguien así? ¡No lo creo!
- Lo peor de todo, es que esos niños serán los encargados del país en un futuro.  ¿Y sus padres? ¿Cómo es posible que sus padres los dejen así? - pregunté un poco enojada. Escuchar esas cosas le molesta a cualquiera.
- Sus padres no tienen tiempo, me respondió. Si quieres sobrevivir en el país tienes que tener más de un empleo o ganar muy bien. Sus padres rara vez están en casa y cuando regresan, están muy cansados para prestarle atención a un puberto rebelde que se encierra en su habitación. Pero por más que trabajes, es imposible que no te parezca extraño ver a tu hija de doce con plastas de maquillaje en la cara y vestida de la forma en la que lo hacen. A leguas se nota que algo no anda bien.
La verdad, me dio tanta tristeza pensar en ello, que me llené la boca con que encontré de comer en la mesa. No quería hablar, ni escuchar nada más. Ella se levantó  y fue por algo de beber.

La embajada organizaba esta clase de reuniones durante las fiestas nacionales para que se reuniera la comunidad. Esta vez, era para celebrar la Navidad.  Siempre nos pedían llevar algo de comer o de tomar. Así entre todos, siempre lográbamos hacer una cena abundante y con platillos tradicionales. Yo sabía bien que ella ya no iba a regresar. Mis temas se habían acabado y tenía pocas ganas de hablar. Ella se había aburrido.

Hace algún tiempo ya que iba con desgana a la embajada. Había muy poca gente de mi edad o cercana y yo no tenía intereses en común con ellos. Por eso solía llevarme libros para leer. Esta vez me acompañaba Joyce, pero a pesar del frío y de mi humor poco sociable, no podía leer. Había algo en el ambiente de esa tarde, que era distinto al de otras veces. Las conversaciones en las mesas, eran todas iguales. Recuerdos y añoranzas de tiempos pasados. En nuestra mesa, estaba sentada una pareja formada por un hombre y una mujer de edad. Ellos habían pasado mucho tiempo ya en este país, y recordaban viejas épocas en Cuba, cuando se conocieron con mis tíos, antes de abandonarla también. Recuerdo que el hombre dijo que pensaba regresarse a nuestro país. Irse a un pequeño pueblo y vivir lo que le quedaba de vida ahí. Mi padre quedó impresionado y conmovido. Se le notaba en la cara. Él siempre ha querido regresar. Escuché que le dijo a su vez pensar en lo mismo. Me pregunté entonces si en verdad lo hará. Si no fuera por nosotros él hace mucho que se hubiera regresado.

El sol se ocultaba. La cónsul se levantó y pidió la palabra. En ese momento todas las conversaciones se apagaron y todas las miradas se fijaron en ella. Solo los niños seguían correteando por ahí. En la infancia uno nunca presiente cuando algo grande está por ocurrir, se vive solo consciente de lo suyo. Juegos y fantasía.

Ella empezó a decir que le daba gusto ver a la mayoría presentes. Que se alegraba de haber conocido a cada uno de nosotros y de haber estado en el país. Recuerdo que dijo que cuando le comunicaron que venía, pensaba que llegaría a un lugar que sería pura fiesta, tequila y calor, pero se topó con algo muy diferente.  Algo grande venía, yo podía sentirlo. En la atmósfera se respiraba el aire frío cargado de expectación, de nostalgia y de resignación. No era solo yo, en ese instante me percaté que todos sabían hacia dónde íbamos.

Como algunos ya saben- dijo- se cerrará nuestra embajada en este país. Mi cargo expira en Junio y nosotros no sabemos qué pasará luego. No se nos han dado más noticias. Pero si ustedes, como gente que vive en el extranjero quieren mandar una carta y protestar para no quedar desprotegidos, están en todo su derecho. Si no dejan un consulado, para arreglar sus papeles tendrán que ir a Los Ángeles. Lo siento mucho.

Se escuchaban unos cuantos murmullos recorrer las mesas. El discurso de la cónsul no paró ahí. Empezó a nombrar algunos de nosotros y presentarnos frente a los demás. Había una mujer que tenía un restaurante, dónde fuimos cordialmente invitados. Un hombre, de edad avanzada pero de una salud envidiable era miembro del comité olímpico que representaba a nuestro país en México. Había un músico, de la orquesta filarmónica, matemáticos y biólogos. También estaba la abuela Boyanka, a quién yo ya conocía. Una mujer de edad, cuyo peculiar cabello color zanahoria siempre resaltaba entre la multitud. Ella vendía yogurt y desde que nos presentaron fue del todo amable conmigo, más desde que se enteró que nací en la misma ciudad que ella. Su nieto, hábil músico, acababa de graduarse. Él no hablaba nuestro idioma, nunca lo había aprendido. Fue por eso que ella nos ofreció regalarnos sus libros. No había nadie después de ella que los leyera. Yo estaba feliz con la idea. Me gustaban los libros.

El discurso y las palabras bonitas se acabaron, pero permaneció un sentimiento de hermandad que antes no se había sentido tanto en ese pequeño cacho de tierra nuestra en un país lejano. El saberlo perdido y nosotros regados nos unía como nunca. Pusieron música y muchos fueron a bailar. Yo miraba desde lejos. Entonces entendí que había perdido parte de mi identidad. No estaba ya en mí bailar como ellos. Aún en esos momentos, cuando todos se paraban a intercambiar palabras, direcciones y buenos deseos, miraba de lejos, como alguien ajeno. Ahí, al final de todas las cosas, sabiendo que era probable no ver a ninguno de ellos de nuevo, ni pisar ese lugar nunca más. La nostalgia nos inundaba a todos, de cierto modo se sentía como partir de nuevo. Dejar ese espacio de patria. El país se olvidaba de nosotros. Nosotros, los que primero lo dejamos a él, ahora nos dejaba a su vez.  Las muchachas jóvenes y viejas bailaban, los hombres brindaban y platicaban animadamente. Nadie quería partir. Nadie quería pensar en la idea de que no habría retorno.

Me acerqué a mis padres y mis tíos. Ya tenía mucho frío. Ellos hablaban con otro amigo. Planeaban como hacer que dejaran por lo menos el consulado. Querían mandar una carta. Se corregían mutuamente en qué poner y cómo hacerlo para tener éxito. Su charla duró otro rato, al final uno de ellos dijo: - Hagamos lo que hagamos, no hay garantía de nada.
Los demás asintieron. Lo sabían bien. Mi madre también tenía frío y por fin convencimos a mi padre de partir. La cónsul nos acompañó. Nos deseamos lo mejor y una feliz Navidad.

Nunca antes, como en esa ocasión sentí a toda esa gente, que veía dos veces al año, como parte de mi familia. Al despedirnos cada uno de ellos me besaba y abrazaba como si fueran ellos mis abuelos, los mismos que me despidieron hace tantos años de la tierra natal. Fui a despedirme también de la hija de la cónsul. Ella era la que guiaba los bailes. La abracé y sinceramente lamente de todo corazón las veces que dije que ya no quería volver a ir. Sabía que ese sentimiento tenía un nombre, pero no me llegaba a la cabeza. Nos fuimos sin esperar a que lo supiera.

Hoy saliendo a la calle muy de mañana, con el frío congelándome las orejas, llegó de golpe. La palabra me llegó tan de repente que incluso me paré en seco en la calle. Aquel sentimiento era la saudade.

Xóchitl

on diciembre 22, 2010

“Quin ōctlamati noyōllo, niccaqui in cuīcatl, niquitta in xōchitl ¡Māca in cuetlahuia in Tlālticpac!”
“Al fin comprendí mi corazón, escucho el canto, veo las flores ¡Que no marchiten en la Tierra!”

Hace muchos años, en tiempos del quinto Sol, antes de que nacieran los abuelos de mis abuelos, cuando los patos tenían dientes y no existían las flores, en un tiempo en el que los hombres amaban a los Dioses y los Dioses a los hombres, nació una pequeña niña. Nació tan pequeña como un grano de maíz. Sus padres, y eso pocos lo saben, fueron la Coatlicue y Tlaloc. Xóchitl, pues así la llamó su madre, nació en el campo. La Coatlicue, por miedo a que se descubra su traición la dejó ahí a la intemperie. Pensó que pronto pasaría por ahí alguna fiera y la devoraría. Xóchitl, pequeña e indefensa, a pesar de sufrir frío y hambre, no abría la boca para llorar.

A Huitzilopochtli, señor del Sol, le gustaba recorrer el mundo en su forma humana, para medir sus fuerzas con los hombres. Como todo dios, era presuntuoso y soberbio, le gustaba saberse superior. En una de tantas caminatas, se encontró con Xóchitl. La hubiera pisado, pues ella se había acurrucado sobre el pasto, si no fuera porque esta gritó.

Huitzilopochtli tomó a la pequeña niña en sus manos. Su voz y su apariencia eran tan bellas y su aroma tan dulce que no pudo más que admirarla. Meció a la niña  mientras le cantaba hasta que esta se durmió. Por el camino, le susurraba que ella sería su esposa cuando creciera.

La dejó en el poblado más cercano, Xaltocán, donde una anciana se hizo cargo de la niña. Xóchitl creció rápidamente. Ahora no solo era hermosa, sino que hablaba bellamente. Abría la boca para decir algo y todos se quedaban prendidos de ella. No en vano tenía tantos pretendientes. Huitzilopochtli, al ver eso y temiendo que alguno la enamore, se apresuró a ir por Xóchitl. Estaba tan orgulloso de la que sería su mujer, que rápidamente lo anunció a todos.

La fue a presentar a su madre, la Coatlicue. Cuando esta la reconoció, se horrorizó. Si Huitzipochtli se enteraba de que Xóchitl era su hermana, su madre era la que lo pagaría caro.

Xóchitl se despertó cuando la Luna seguía en el cielo, había escuchado un sonido que no conocía. Salió de la casa, donde aún dormía Huitzilopochtli, y subió a la colina. Vio que quien cantaba era el tecolote.  

La Cuatlicue mandó a un campesino a matarla, prometiéndole buena cosecha durante todo el año, pero para hacerlo, dado que ella era hija de los dioses, debía de sacarle el corazón.

El campesino la esperaba en la colina, entre los arbustos y la acuchilló para sacarle el corazón. Al principio se contentó de haber realizado la tarea, pero al ver que su corazón no dejaba de latir, asustado decidió enterrarlo.  El cuerpo de la joven se comieron las fieras durante la noche.

Cuando Huitzilopochtli despertó, no vio a su esposa a su lado. Comenzó a buscarla pero no la encontró. Una profunda tristeza se instaló en su corazón. Dejo su forma humana y empezó a vagar por el cielo cuando desde arriba vio algo en la colina. Algo que nunca había visto, pero que le recordó tanto a Xóchitl, que comenzó a llorar. Sobre la colina, dónde el campesino enterró su corazón, había crecido la primera flor. No en vano algunas flores siguen al Sol durante su travesía sobre el cielo, en cada una de ellas quedó algo del amor que Xóchitl le profesaba a Huitzilopochtli. Tampoco en vano el hablar florido o bello, como la poesía en los códices se simboliza con una flor sobre lo hablado. Pero lo que también tiene su porqué son los sacrificios en honor al Sol, Huitzipochtli. Él, destrozado por la pérdida no soportaba vivir así. Le dolía el corazón, así que decidió sacárselo del pecho. El mundo se sumió en la oscuridad total hasta que los aztecas, desesperados, le sacaron el corazón a un joven y se lo ofrecieron al Sol. Este aún en agonía, lo aceptó y lo puso en su pecho. Era un nuevo corazón, sin dolores ni pesares, sin Xóchitl enraizada. Así el Sol resurgió. El pueblo azteca desde entonces, ofrece corazones humanos al Sol. Pero, el mundo está plagado de flores, flores hermosas que huelen a ella, así con el tiempo el recuerdo de Xóchitl vuelve nuevamente y para no sufrir exige al pueblo azteca un nuevo corazón.  

Las islas

on diciembre 17, 2010
Estoy cansado. Llegué a estas islas Lau, jodidas islas en medio del océano pacífico, para perderme del mundo y parece que finalmente lo he conseguido. Ella sigue en mí memoria, pero yo ya no estoy a su espera, cuando menos. Todo comenzó hace dos años, tres meses y 24 días. Ja ja ja, esto suena muy obseso pero puedo asegurar que no es así, por un lado la conocí en un día especial, 2 de noviembre, y por otro mi computadora puede contar los días que han pasado de esa fecha sin el menor esfuerzo, luego entonces, solo es mi gusto por darles números exactos.


Todo lo anterior está muy bien, pero retomemos. Me gustaría decir que yo la ví pasear desde muy lejos y quedé prendado de ella, pero mentiría. Ella era amiga del intento de conquista de un amigo mío. Nos salubamos en ocasiones con más formalidad e indiferencia que otra cosa, ambos nosotros jugando al celestinaje de ese bosquejo de pareja que las respectivas amistades intentaban comenzar. Así pues la conocí.


El tiempo pasó, como tiene a bien hacer el tiempo la gran mayoría de las veces, lentamente en esa época. Recuerdo las tortuosas imprecaciones de mi amigo por aquella señorita que, aunque no mostraba indiferencia, tampoco dejaba ver algún signo de avance. Entonces yo, llenó de un sentimiento empático iba e intentaba indagar sobre las posibiliades de este para con su amada conversando con Mariana.


Las primeras veces que escuché su nombre me parecía de lo más terrenal, llano, sin gracia. Eramos conocidos que se saludaban alguna vez por los pasillos de la otrora impoluta escuela nacional que en su enormidad engullía a cualquiera que osase traspasar sus puertas. Un día, no recuerdo bajo que etílica circunstancia, me enteré de la vida de Mariana mientras conversaba con su amiga intentando convencerla de acceder a salir una vez más con el fallido Romeo que se afanaba en representar mi camarada.


Mariana pues era actriz. Mariana era extranjera y tenía un apellido la mar de particular en este país de Hernández y González, no puedo revelar el nombre pues bien puede darse el caso de que se vuelva famosa y no es lo más conveniente que se sepa más de lo que ella considere prudente. A Mariana comencé a llamarla señorita Kalashnikov.
Nuestra relación se volvió más estrecha sin notar como. Yo intentaba compartirle mi gusto por, oh pesar del cielo, la ciencia ficción. A ella le interesaba bien poco.esto. Ella me contaba de ensayos y obras de teatro, afirmaba con vehemencia queel ser humano había llegado a la cúspide de la civilización occidental en el siglo XIX y que todo después de eso había sido cuesta abajo. Ella me contaba de su tierra natal y yo de la mía, lejanos pueblos perdidos en la orilla de sus respectivos mundos.


Cierta tarde bajo la sombra de un pino intenté besarla. Ella se apartó de mí. Yo desconcertado me alejé corriendo. Al día siguiente nos encontramos por los pasillos y me saludó como si nada hubiera sucedido. En ese momento dentro de mí se lo agradecí infinitamente. Nos volvimos amigos, supongo que algo más que amigos. Recuerdo su cabello ondulado y negro, siempre recogido y su sonrisa burlona mientras me contaba su sueño, viajar a una isla del pacífico y alejarse de todo y de todos, estar muerta en vida.


Con el tiempo  ella se volvió el personaje principal de mí mundo. Yo la visitaba casi a diario, la acompañana a algunos ensayos y le ayudaba a memorizar líneas. Ella siempre me convidaba a las reuniones con sus amigos del drama. Allí me sentía como un tipo raro siendo disectado por artrópodos gigantes pero no me importaba gran cosa.


El día de mi cumpleaños fuímos al cinema. Ella me pidió que cerrara los ojos porque tenía una sorpresa para mí. Los cerré. Ella me besó. Me volví loco en ese momento, era feliz. En la película nos tomamos de la mano y al salir la tomé de la cintura. La acompañé a casa en espera de que ese beso se repitiera. Mis intentos por acercarme a ella en el camino fueron infructuosos por decir lo menos. Al despedirnos me dejó probar una vez más sus labios. Una explosión más recorrió mi cuerpo.


Al  día siguiente cuando nos vimos en la escuela ella me saludó como si nada hubiera sucedido. Me sentí perdido. Quise hablar del asunto pero ella me recordó la necesidad de ir a su clase. Le pregunté nuevamente y se hizo la desentendida. Le volví a preguntar y me contesó que me quería mientras se acercaba a mí y  me besaba. Fuí nuevamente feliz. Así pasó el tiempo, frente al mundo era su amigo, a solas algo más, algunas veces. Dicen que me convertí en su juguete, yo la amé.


El día del estreno de su obra conocí a su novio.
-El es Juan, mi amigo, él es Aleksandr, mi novio- dijo ella cuando nos presentó en la fiesta posterior.
-Mucho gusto, Juan Collado- contesté con el aliento que me quedaba.
-Un placer, Aleksandr Prudnikov-dijo él en un español con acento centroeuropeo perfectamente medido.


Posterior a eso dejé de buscarla. Ella dejó de buscarme, si es que alguna vez lo había hecho. Me sentí diminuto y perdido. Como ella, musa, perfecta, hermosa, se iba a fijar en un Juan Collado cualquiera como yo.



Volví a la escuela pero no  pude de  ahí en más estar bien a su lado. Dos cosas me reventaban, ese prototipo de bailarín ruso que estaba al lado de Mariana, y el saber que no había nada que yo pudiera reclamar. Dejé todo y me fuí.



Así es como llegué a este lugar quisiera pensar que para olvidar. Sin embargo yo sé bien que el estar aquí para mí solo es otra forma de esperarla. Yo aguardo a que cumpla su sueño y aparezca pronto por el horizonte. ¿Al final no era ella una isla que no me dejaba entrar en su terreno?

Envejecemos

Sabemos que envejecemos, pero no nos podemos dar cuenta a diario de eso. Se supone que Noah se tomará una fotografía cada día por el resto de su vida. Se puede observar en el video como su mirada se cansa, la edad tal vez.


La especialidad de la casa: Sopa de austeridad.


                      “La ambición suele llevar a las personas (o bancos) a ejecutar los menesteres más viles. Por  eso, para trepar, se adopta la misma postura que para arrastrarse.” - Jonathan Swift.

           Se me ha encargado escribir un ensayo. Así que ahora estoy ensayando un experimento muy frecuente entre los autores modernos, es decir, escribir acerca de nada. Este no tratará específicamente de nada, sino de la crisis en Irlanda ya que así me fue especificado, pero es necesario aclarar que abordaré el tema de lo general a lo particular. Y espero que de la nada, salga algo que valga la pena haber escrito.

          Empezaré por abordar el problema de la forma más simple y primitiva. En las tempranas edades de su surgimiento el hombre empezó a hacer uso de la naturaleza y los beneficios que le proporcionaba la tierra. Pero al tener cada vez más facilidades, las poblaciones tenían un exceso en el alimento y en los recursos. La tecnología mejoraba y el esfuerzo para obtener alimentos se veía reducido, por lo que no solo se satisfacía la necesidad de la población, sino que había un sobrante. Lo que sigue es la repartición, y allí empiezan las desigualdades. Aquel que tuviera más se volvía de rango superior,  y el temor de que los demás se lo arrebaten por envidia, forzó a estos individuos a rodear su propiedad y protegerla. Allí es donde surge la propiedad privada y las escalas sociales. En una época tan simple, el ser humano ya se diferenciaba por las posiciones, dependiendo de sus posesiones.

          Ahí también surge el capitalismo. Y en el capitalismo se mide el nivel económico de una nación dependiendo del consumo. Por lo mismo la mercadotecnia se enfoca principalmente en la creación de una sociedad consumista. Y mientras más alto nivel económico tenga la nación, se notará un aumento en la compra de inmuebles. Es por ello que buscan que aumente el número de viviendas vendidas. Las naciones tienen su ego, al igual que los individuos.
          Esto refleja que los ciudadanos han cubierto sus necesidades básicas de alimentación y buscarán comodidades como vivienda propia o coches. Y claro, cuando el diablo está satisfecho, es una buena persona.

         Lo que desencadenó la crisis en Irlanda y lo ha hecho en otros muchos países es la burbuja inmobiliaria. Es decir aumentan el precio de las viviendas a precios superiores a los que valen en realidad. La gente pide créditos para poderlas pagar y el banco se los da. Viéndose tan ambicioso que no se sienta a medir las consecuencias de darle crédito a quién sea sin siquiera hacer averiguaciones serias si luego la gente se lo podrá devolver. La mayoría de las personas (o bancos) son como alfileres: sus cabezas no son lo más importante. Como no tiene esa garantía, y la gente ya no puede pagar, los bancos quedan en bancarrota.

         En el caso específico de Irlanda, el gobierno quiso salvar sus bancos y acabó hundiéndose hasta el cuello. Para salvarse de la crisis el actual primer ministro (aunque no lo será por mucho, ya que le pidieron abdicar al cargo y convocar a elecciones) Brian Cowen, aceptó un plan de rescate internacional para su país hundido por la deuda. Pero esto generó indignación en toda Irlanda, no solo porque consideran una humillación que le ayuden el fondo internacional y bancos de la unión europea, siendo que su nivel económico estaba muy por encima antes de que ocurriera el desastre sino también por las medidas de austeridad que han planeado imponer.  A ese grado que hasta se tacha Cowen de traidor. Y claro que es comprensible, pero a estas alturas poco se puede hacer. Que Irlanda haya sido la primera en caer ante la crisis en parte se debe a su política liberal en cuanto a impuestos y propiedades. Cobraban pocos impuestos y daban todas las facilidades. Y todo eso, con la deuda más baja y una economía a pedir de boca. No por nada se creó un modelo económico basado en el suyo que buscaban adoptar muchos países. Pero el tigre celta, pronto se vio en las redes del capitalismo y la burbuja inmobiliaria, que surgió en sus principios en Estados Unidos.

         Lo curioso del asunto, es que la crisis en Irlanda, ha propiciado una guerra entre los partidos políticos irlandeses, en dónde cada cual asegura que podrá resolver la situación. El problema es que si aceptan la ayuda que se les ofrece, les darán el crédito a cambio de las condiciones que no les gustan al pueblo hiberniano. Y dudo mucho que cualquier cambio de gobierno pueda deshacer el periodo de cuatro años de austeridad que al parecer Irlanda sufrirá. Y ya que no podemos cambiar de país, cambiemos de tema.

         Todo este asunto de hambre y pobreza es curiosamente similar a otro ocurrido en Irlanda, llamado periodo de hambruna, cuando gracias a que las tierras se repartían proporcionalmente entre todos los hijos (y los Irlandeses tenían muchos hijos al parecer) quedaron campos cultivables muy reducidos en tamaño, por lo que cada huerto apenas y mantenía a la familia a la que pertenecía. Cuando a eso se le sumó una plaga en las cosechas de patatas ( adivinaron: el principal y casi exclusivo ingrediente de la cocina Irlandesa) los campesinos y toda Irlanda se quedaron sin que comer. Esto, como se sobreentiende hizo que mucha gente emigrara y por otra parte ayudó a que la población rural se levantara y se pudiera arreglar el asunto y pertenencia de las tierras.

         ¿Pero, qué se le va a hacer? Que Irlanda pague por sus bancos y que San Patricio la proteja mientras tanto, que tarde o temprano se estabilizará. Cargará con una deuda enorme para entonces, pero vamos, ¡Boletos más baratos que ahora para Irlanda no se encontrarán! Habrá que visitar, ver lo que se tenga que ver y no olvidar probar la especialidad de la casa: Sopa de austeridad. (Que seguramente, llevara patatas.)

Nota: A lo largo del ensayo he incluido frases de los célebres escritores irlandeses Jonathan Swift, James Joyce y Oscar Wilde.
K.

Comienzo

on diciembre 10, 2010
Hola. Este blog es un juego, nuestro juego personal. La cosa es más bien simple y va así: una persona indica un tema a tratar y un género literario y la otra debe completar un texto de 200 palabras usando esto. Después los papeles se intercambian. No hay más.

Saludos.